Habilidades Motrices Básicas – El Salto

HABILIDADES MOTRICES BÁSICAS – EL SALTO
Cuando en Educación Física se habla de Habilidades Motrices Básicas, se está haciendo referencia a una serie de acciones que aparecen de forma filogenética en la evolución humana.
Por lo tanto, el análisis del presente trabajo que se enfocará en el desarrollo de la capacidad de salto y su evolución en cada etapa, estará referido a una habilidad motora básica que se aplicará en un futuro en el rendimiento deportivo del ser humano.
Para introducir el análisis de dicha habilidad, se citarán definiciones realizadas por distintos autores para comprender diferentes puntos de vista.
“Los saltos implican un despegue de la superficie con o sin carrera previa y, de esta manera, la existencia de una fase aérea o de suspensión más o menos duradera y en la que normalmente se consigue el objetivo del salto y, finalmente, una caída o retorno a la superficie.” (Diaz Lucea, 1999)
“El salto es un patrón locomotor en el cual la extensión de las piernas impulsa al cuerpo a través del espacio” (McClenaghan & Gallahue., 1996)
“El salto implica un despegue del suelo, como consecuencia de la extensión violenta, de una o ambas piernas como cuerpo. El cuerpo queda momentáneamente suspendido en el aire, para cumplir su misión” (Bañuelos, 1984).
“Desplazamiento eficaz y activo, que se realiza sin tener ningún contacto, por parte del ejecutor, con la superficie de desplazamiento” (Seirul-lo, 1986)
El primer aspecto que atañe a las definiciones citadas, es (a diferencia de las restantes habilidades motrices básicas) la existencia de una fase aérea o de vuelo, en la cual el cuerpo pierde completamente el contacto con la superficie.
Teniendo en cuenta este concepto, el segundo análisis realizado es que se trata de una habilidad motora más compleja que la marcha y la carrera, por lo tanto el desarrollo del salto se dará en forma posterior a las mismas. Al mencionar sobre la complejidad de dicha habilidad, existen numerosos factores que se deben tener en cuenta para la ejecución del salto:
• Fuerza (potencia de piernas);
• Coordinación Dinámico General:
• Agilidad:
• Equilibrio.
“El salto es el automatismo de la separación vertical voluntaria y en él el movimiento interesa al cuerpo entero, por lo que debe tener lugar toda una sucesión de actitudes compensadoras –actitudes sinérgicas parciales y generalizadas– y de movimientos, que permitan reencontrar el equilibrio al contacto con el suelo”. (Wallon, 1979)
Para el análisis de la ejecución del salto, se suele dividir al mismo en diferentes fases. En el presente trabajo, se citará la división realizada por (Bañuelos F. S., 1984) en las que diferencia las fases de vuelo, impulso y caída:
• El impulso o batida: Es la fase donde se determina la trayectoria que va a seguir el sujeto. Requiere de una flexión seguida de una rápida extensión del tren inferior. Para la descripción de la evolución del patrón esta fase suele describirse diferenciando dos partes: la de preparación (flexión de las piernas) y la de despegue (extensión).
• La fase aérea o vuelo: Fase en que el protagonista del salto pierde el contacto con la superficie. Durante la misma se pueden realizar diferentes movimientos, que no van a afectar a la parábola del salto. Generalmente se trata de buscar el equilibrio corporal.
• La recepción o caída: Momento en que se vuelve a tomar contacto con el suelo. En esta fase se absorbe o transforma la energía acumulada.
Otros autores, incorporan una cuarta fase de preparación:
“En cualquier tipo de salto podemos hallar, pues, cuatro fases o momentos, que se caracterizan por acciones concretas, a la vez que pueden generar diferentes tipos de tareas para su aprendizaje. En primer lugar existe una carrera previa al salto o, en su defecto, una fase previa de preparación al mismo. La segunda fase o acción es la de batida o impulso. Las dos primeras fases condicionan la tercera, que consiste en un vuelo o desplazamiento vertical u horizontal por el aire. Finalmente, la cuarta fase es la de contacto con el suelo o superficie.” (Diaz Lucea, 1999)


En cuanto a los tipos de saltos se suelen distinguir y diferenciar en dos:
• Salto en longitud;
• Salto en altura.
Es a partir de esta categorización donde se suelen dar las diferentes combinaciones y ejecuciones de las mismas, que darán lugar a las diversas modalidades de saltos que se puedan llegar a presentar.


EVOLUCIÓN:
Para poder cumplir con el presente objetivo, es preciso situarse en una perspectiva evolutiva, conocer cómo se adquiere, desarrolla y comporta dicha habilidad. Reconocer la importancia de este proceso es fundamental para el trabajo con edades infanto-juveniles. Es por eso que el presente trabajo comenzará con el análisis evolutivo de la motricidad y los requerimientos básicos que irán sustentando en un futuro el desarrollo de dicha capacidad.
Es en la lactancia (hacia el cuarto mes de vida y primer año) donde se comenzará a notar una “fase de adquisición de los primeros movimientos coordinados” (Meinel, Schnabel, & Krug, 2013). Esta etapa, resulta de fundamental importancia, dado que es en ella donde el pequeño comenzará la adquisición de la postura erguida y se darán los primeros movimientos locomotivos independientes.
Los avances presentados en la etapa precedente, servirán de sustento para la subsiguiente evolución en el desarrollo de las habilidades motoras básicas (particularmente en el salto), siendo hacia el primer y tercer año de vida donde se presentará una fase de adquisición de formas motoras múltiples, tales caminar, balancearse, rolar, empujar, etc. Las habilidades recién mencionadas, comienzan a desarrollarse siempre a través del juego y la exploración del niño.
En lo correspondiente al presente trabajo, es en esta etapa donde comienzan a presentarse la habilidad de salto en profundidad (desde alturas de hasta 20 cm), salto a dos piernas. Los primeros intentos de estas destrezas se dan hacia los 2 años y medio de edad, las primeras experiencias consisten en un paso exagerado realizado desde un escalón de baja altura, donde en ningún momento se produce un despegue del suelo (Rigal, 1987), siendo la modalidad de ejecución y recepción de los mismos poco elásticas y con piernas separadas.
“Cuando el niño es capaz de bajar las escaleras de la mano de un adulto, está ya muy cerca de dar su primer salto. Lo logrará con un aumento de la longitud del paso, una rápida elevación del pie de apoyo y un breve periodo de suspensión, seguido de una caída equilibrada sobre el pie adelantado.” (Wickstsroom, 1983)
En lo que respecta a la etapa que abarca desde los 4 hasta los 7 años de edad, es en donde comienzan a perfeccionarse las formas motoras variadas y la adquisición de las primeras combinaciones de movimientos. Gracias a este avance motor, la formación deportiva adquirirá un gran valor para la incorporación de combinaciones motoras de un nivel avanzado.
El placer por el juego y la pulsión por el movimiento, dotan a esta etapa de na posibilidad de desarrollo rápida y variada (siempre y cuando las tarea escogidas sean las correctas).
A partir de los 5-6 años de edad “se pueden realizar el salto en largo sin impulso, el salto en alto, y el salto en largo con carrera de impulso picando dentro de una zona demarcatoria” (Meinel, Schnabel, & Krug, 2013).
En lo que respecta a la edad escolar inicial (7-10 años), nos encontramos en una etapa caracterizada por la gran predisposición para el movimiento, marcadas por una vivacidad y movilidad permanente, pero gracias al comienzo de la educación primaria, se manifiesta una gran evolución en la concentración para el desarrollo de una tarea determinada..
Hacia los 9-10 años, se produce un aumento pronunciado en lo que respecta al aprendizaje motor. Este aspecto se puede ver acentuado por parte del profesional con demostraciones e indicaciones verbales, las cuales serán captadas por el niño con gran facilidad. Otro aspecto importante en esta etapa es la gran predisposición ante correcciones y modificaciones de movimientos.
En esta etapa, el salto comienza a perder territorio frente a la carrera, que pasa a ser practicada con más frecuencia. “Al comienzo de la etapa escolar se puede comprobar una gran variedad de formas de salto, las cuales carecen, tanto en su desarrollo como en su rendimiento, de la constancia espacial, temporal y dinámica típica para los movimientos automatizados” (Meinel, Schnabel, & Krug, 2013).


En lo que respecta a la modalidad de saltos realizados nos podemos encontrar con el salto en largo, el salto de “paso” y el salto “bolita” (llevando las rodillas hacia el pecho). En el caso de una correcta estimulación y entrenamiento, se pueden comenzar a llevar a cabo combinaciones más complejas (como pueden ser el salto triple atlético) ejecutadas con gran entusiasmo por parte de los niños.
Analizando la edad escolar avanzada (10-12/13 años). En esta etapa comienza a jugar un papel determinante la maduración sexual tanto de niños como de niñas, marcando una gran diferencia en lo que respecta el rendimiento deportivo entre ambos sexos.
Es una etapa muy importante para el desarrollo de actividades deportivas, dado que en estas edades nos encontramos con una gran disposición para el aprendizaje de las mismas. En esta fase también nos encontraremos con una gran contradictoriedad y desequilibrio en la actividad motora a causa de un crecimiento brusco y alteración de las proporciones corporales, dando lugar a una “reestructuración de las capacidades y destrezas motoras” (Meinel, Schnabel, & Krug, 2013)
Es hacia la primera fase de esta etapa en donde se pueden constatar aumentos anuales constantes, siendo observadas también las menores diferencias específicas sexuales en relación al rendimiento de la capacidad de salto.

“En el salto en largo y en alto, el período entre los 10 y 12 años de edad se caracteriza, tanto en los varones como en las niñas, por una cuota de aumento anual totalmente lineal, casi paralela entre ambos sexos y levemente mayor que en la edad escolar inicial” (Meinel, Schnabel, & Krug, 2013).
La calidad de movimientos en el salto en largo permanece levemente constante, no siendo del mismo modo en el salto en alto, donde se reducirá la misma aunque en algunos casos sea sólo de modo insignificante.
Hacia la segunda fase de maduración o adolescencia (mujeres: 13-16 años/ varones: 15-18 años), es en la cual se acrecientan las diferencias específicas sexuales, presentándose de forma notable en el rendimiento tanto en el salto en alto como en el salto en largo.
A causa de estas diferencias sexuales, de cantidad e intensidad de ejercitación, de proporciones y constitución corporal comienzan a presentarse variaciones individuales en la manifestación y desarrollo del salto.
Se presenta también una estabilización en el crecimiento, manifestándose de forma positiva en el desarrollo motor.
“Desde los 14 años, edad en la que se observa la mejor diferencia de rendimiento específica sexual, hasta los 20 años aumentan las diferencias de rendimiento entre los sexos entre un 10 a 25% para el salto en largo y un 6 a 20% para el salto en alto.” (Meinel, Schnabel, & Krug, 2013)
En la adultez temprana (abarcando entre los 18/20 años hasta los 30/35 años). Es a partir de estas edades donde comienzan a disponerse todas las características cualitativas propias de la adultez, siendo hacia al final de la misma una fase de expresión total del desarrollo motor.
Los movimientos se tornan mucho más económicos y racionales, logrando una gran efectividad en los mismos.
En lo que corresponde al salto, las diferencias sexuales continúan vigentes, pero comienzan a tomar protagonismo el grado de actividad del/la individuo/a. En esta fase, se torna de vital importancia la ejercitación y exigencia funcional para la mejora correspondiente de la capacidad, mientras que una reducción de la actividad (como la falta de la misma) llevará a retrocesos considerables en el rendimiento. En caso de desarrollar una actividad adecuada, es al comienzo del tercer decenio donde se verán en su máxima expresión los rendimientos en actividades que requieran fuerza rápida y técnica (como el salto en alto y en largo).


A partir de la edad adulta avanzada (abarcando desde los 30/35 años hasta los 50 años) comienzan a involucionar las manifestaciones tanto en salto en largo como en salto en alto, esto se debe a una mayor dificultad para expresar fuerza y una técnica de salto disminuida. Cabe aclarar que las presentes involuciones pueden verse reducidas acorde a la actividad desarrollada, siendo menores las pérdidas para aquellas personas que continúen manteniéndose activas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Bañuelos, F. S. (1984). Didáctica de la Educación Física y el Deporte. Madrid: Gymnos.
Diaz Lucea, J. (1999). La enseñanza y aprendizaje de las habilidades y destrezas básicas. Barcelona: INDE.
McClenaghan, B. A., & Gallahue., D. L. (1996). Movimientos fundamentales. Buenos Aires.: Editorial Médica Panamericana.
Meinel, K., Schnabel, G., & Krug, J. (2013). Teoría del movimiento. Stadium.
Rigal, R. (1987). Motricidad Humana. Madrid: Pila Teleña.
Seirul-lo, F. (1986). Apuntes de Educación Física de base. Barcelona: INEF.
Wallon, H. (1979). Los orígenes del carácter en el niño. Los preludios del sentimiento de personalidad. Buenos Aires: Nueva Visión.
Wickstsroom, R. (1983). Patrones Motores Básicos. Madrid: Alianza Deportes.

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